closeup of a representation of the Jesus Christ crown of thorns and nail

Preparing Holy Week

The most sacred week of the Christian calendar is celebrated intensely in the Hispanic world. Artisans in Guatemala prepare rugs of flowers and feathers from the quetzal for the feasts of Holy Week. Groups of the faithful practice their roles as Jews or Romans for the Way of the Cross in many places from Mexico and Texas to Chicago. Penitential fraternities prepare spiritually to carry heavy sacred images through the streets of Seville and other Spanish cities. Despite the prohibition imposed by the Vatican, penitents in the Philippines and New Mexico still undergo flagellation because of their devotion to Christ. Many other Christians attend church almost every day. On the other hand, many other people prepare their suitcases in order to go to the beach or the mountains, where they will likely never recall the last days of the life of Jesus.

The latter group misses the most magnificent liturgies of our Christian faith, liturgies and rites that begin in the streets and finish inside the church. These rites are full of symbols that remind us of the truth of our Christian and human existence: we are paradoxical and enigmatic people. The same faithful who on Palm Sunday sing praises to the Lord and look for blessed bread on Holy Thursday shout “Crucify him!” in the liturgy on Good Friday and then wait in the darkness for the Resurrection. Holy Week begins among the hosannas of Palm Sunday, passes through the painful images of Good Friday, and ends with the interplay of darkness, fire, and water at the Easter Vigil. Many times we honor God and so many times we deny God, but God never stops calling us. In the end, Holy Week reminds us that while the human condition is both profane and sacred, we are always loved by God who made us that way.

Friar Gilberto Cavazos-González, OFM, Copyright © J. S. Paluch Co.

Preparando la Semana Santa

La semana más sagrada del calendario cristiano es celebrada intensamente por el mundo hispano. Algunos artesanos preparan alfombras de flores y plumas de quetzal en Guatemala para las fiestas de Semana Santa. Grupos de fieles practican su papel de personaje judío o romano para los Vía Crucis vivientes en México, Texas, Chicago y muchos lugares más. Fraternidades penitenciales se preparan espiritualmente para cargar con imágenes sagradas y pesadas por calles de Sevilla y otras ciudades españolas. Y a pesar de la prohibición impuesta por el Vaticano, penitentes en las Filipinas y Nuevo México son flagelados por devoción a Cristo. Muchos otros cristianos asisten al templo casi todos los días. Al contrario, muchas otras personas preparan sus maletas para irse a la playa o las montañas donde, probablemente, nunca recordarán los últimos días de la vida de Jesús.

Estos últimos se pierden las liturgias más significativas de nuestra fe cristiana; liturgias y ritos que inician en las calles para terminar en el interior del templo. Estos ritos están llenos de símbolos que nos recuerdan la verdad de la existencia cristiana y humana: somos personas paradójicas e incomprensibles. Los mismos fieles que el Domingo de Ramos cantan alabanzas al Señor, buscan pan bendito el Jueves Santo, gritan crucifíquenlo en la liturgia del Viernes Santo y después esperan en la oscuridad la llegada de la resurrección. La Semana Santa comienza entre los hosannas del Domingo de Ramos, pasa por las dolorosas imágenes del Viernes Santo y termina entre juegos de oscuridad, fuego y agua en la vigilia pascual. Muchas veces honramos al Señor y tantas veces lo negamos, pero él nunca deja de llamarnos. En fin, la Semana Santa nos recuerda que mientras la condición humana es sagrada y profana a la vez, siempre somos amados por Dios, quien nos creó así.

Fray Gilberto Cavazos-González, OFM, Copyright © J. S. Paluch Co.